A mediados del siglo XIX, D. Juan Manuel Orge Piñeiro del lugar de Paradela, que habia casado con doña Maria Portela Piñeiro del lugar de Berducido, habían construido una nave con cuatro ruedas de molinos harineros en Ponte-Caldelas, en las inmediaciones del actual puente sobre el río Verdugo. Para traer el agua necesaria, construyeron un azud en el paraje denominado Conxeito y un canal de 900 m. de longitud, todo ello en terremos de su propiedad.

Pocos años antes, en 1809, en este mismo lugar de los molinos, se libró una batalla contra las tropas francesas en la que participaron gentes de la zona, de la de Cotobade y del ejercito. Como consecuencia de su derrota, los franceses no pudieron cruzar el río y auxiliar a los suyos en la batalla de Pontesampaio, que no llegó a celebrarse.

Hacia 1890, los terrenos y molinos, pasaron a ser propiedad de Doña Clotilde Fernández Orge, nieta de los antes citados, casada con D. José Estévez Fernández, de Ponteveda y que ejercía de médico en Pontecaldelas. Estos, en 1906, trasladaron los cuatro molinos a una nueva construcción y en su lugar instalaron una turbina hidráulica que accionaba un generador de corriente continua a 250 V. de una potencia de unos 10 kW. para ello fue preciso ampliar el canal en toda su longitud y el azud.

El suministro se efectuaba a clientes de las inmediaciones de la central, siendo los primeros usuarios, aparte de los promotores, la casa de Doña Gumersindo Orge Portela, madre de Doña Clotilde, situada a unos 200 m de distancia.

Las dificultades de la gestión eran enormes, dada la carencia de comunicaciones, medios de transportes, suministros y sobre todo la falta de personal con conocimientos del sector de  electricidad, que daba los primeros pasos. Todo suministro procedía de Alemania, desde lámparas, hasta hilo de plomo para los fusibles o aceites para las máquinas. El transporte se hacia por ferrocarril, despachando por la Aduana de Irún, siguiendo a la estación de Pontevedra y luego en carros de caballos a su destino.

Los suministros de destinaban solo a alumbrado, las lámparas normales eran de 15 W. y la vivienda media constaba de una lámpara  fija en la cocina y otra con un cable flexible largo que llegara a toda la casa. Al principio a la mayoría de los clientes se le facturaba a tanto alzado. Al funcionar el suministro en isla, en épocas de sequía se realizaba al anochecer utilizando el agua acumulada durante el día hasta que esta se agotara. Para eventuales ayudas se instala un motor de petróleo en ayuda de la turbina hidráulica.

Para aprovechar la central durante las horas diurnas, se instaló un aserradero de madera, conectado directamente al eje de la turbina

Al proliferar el uso de la energía durante todo el día con el uso de pequeños electrodomésticos, como planchas, hornillos, bombas para pozos, etc. Se plantea la posibilidad de dejar de trabajar en isla y se hizo en 1932 una conexión con la línea de 15.000 V. de la Sociedad General Gallega de Electricidad, que unía la central de Dorna, en el río Lerez, con Vigo. Se instala un transformador de 25 KVA en el local de la central y se transforma esta de corriente continua a alterna, sustituyendo la dinamo por un alternador de 14 KVA, y pasando la tensión a 220/127 V. El número de clientes no llegaba a 200.

A partir de este cambio, se procede a extender la red de distribución por los distintos pueblos del Municipio de Pontecaldelas, colocando diversos transformadores y como consecuencia aumenta el número de clientes y la energía distribuida.

En 1945, unos años después del fallecimiento de D. José Estévez Fernández, se hace cargo de la gestión de la actividad eléctrica un hijo de este, D. Marcial Estévez Fernández, casado con Doña Carmen Rodríguez Sieiro, ambos de esta localidad. Estos, van adquiriendo las partes de sus hermanos, correspondiente a la distribución eléctrica, quedando como únicos propietarios.

En el año 1978, después del fallecimiento de D. Marcial, sus hijos y herederos constituyen una sociedad limitada para la actividad de distribución.